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ASMA Y ALERGIA: DEPRESIÓN Y ANSIEDAD

Es triste comprobar cada día mas esta asociación, asma y ansiedad-depresión. Con frecuencia, veo en la consulta, , niños y jóvenes, que padecen de asma y diversos grados de ansiedad, algunas veces a punto de caer en depresión, de los pacientes principalmente, y si son niños, también afectando la familia, a los padres.

Esto, ya ha sido documentado por numerosas investigaciones, así un 5-15% de los pacientes pediátricos con asma padecen de depresión, y si son adolescentes la frecuencia es el doble.
El asma, afecta su calidad de vida:
• Por la reducida capacidad física para el deporte y actividades sociales (fiestas, paseos escolares).
• Afectando la alimentación (ya que no pueden comer libremente) y el sueño (alterado por las crisis).
• Los niños con asma pueden desarrollar sentimientos de pánico, lo que repercute en su forma de enfrentar la enfermedad
• No olvidar, que la sobreprotección de los padres, tendrá un efecto en la conducta y emociones del niño.
• En los adultos la afectación de la actividad laboral y sus consecuencias, empeoran el panorama.

Además, los adultos que padecen asma tienen mayor riesgo de enfermar de depresión que otros con enfermedades como diabetes o afecciones cardiacas. Y peor aún, cuando inician la enfermedad en edad adulta, han desarrollado pocos mecanismos de adaptación, lo que los lleva a reaccionar de maneras más inapropiadas empeorando su enfermedad.

Tanto en niños, jóvenes y adultos, el padecimiento de rinitis alérgica concomitante solo viene a empeorar el cuadro.

Entonces ¿cómo podemos ayudarlos?. La angustia de estos pacientes nace del desconocimiento de la enfermedad y de no saber que pueden llevar una vida normal con un adecuado tratamiento.
Por lo tanto una correcta información y por ende aceptación de su padecimiento (si es un pequeño, los padres son los primeros que deberán aceptar la enfermedad), son elementos básicos para controlar el asma y reducir su impacto sobre la calidad de vida.
Si el paciente conoce bien, que factores desencadenan sus recaídas (alergia, ambiente, infección, entre otros), y como actuar frente a sus síntomas, podrá sentir que tiene la enfermedad bajo control, lo cual le dará tranquilidad y mayor esperanza, esto retroalimentará su mayor cumplimiento y adherencia al tratamiento.
Viceversa, si identificamos síntomas de ansiedad y depresión en nuestros pacientes con asma, debemos darle el manejo adecuado:
• Recomendarle la evaluación psiquiátrica
• Indicarle alguna forma de terapia psicológica.
• Darle pautas para aprender a respirar de manera relajada (con el abdomen).
• Recomendarle prácticas como p.e. el yoga, baile, etc.

Esto mejorará el control de la enfermedad, disminuyendo la necesidad de asistir a emergencia con evidente repercusión positiva sobre la evolución de la dolencia.

De esta manera, los que atendemos a esta población, tenemos el deber de informarles bien sobre su enfermedad, buscar las causas desencadenantes, atendiendo ademas a las emociones que se manifiestan en el momento de la consulta, teniendo en cuenta que a la inversa, la ansiedad puede empeorar cualquier episodio de recaída o crisis.

Esto se logra prestando la debida atención a las dolencias que refiere, situando a la persona que sufre, dentro de un entorno social, que quizá, según sea el caso, tenga más impacto en su afección, que la alergia o los factores medio-ambientales .

De esta manera, y con un enfoque integral, podremos ayudar a nuestro paciente, de una manera más eficiente y cálida, ayudarle a recuperar la esperanza, mediante el control de la enfermedad, terminando así con la relación de asma y ansiedad-depresión, pasando a la relación enfermedad controlada y bienestar emocional-salud.